Escritor de Canciones

Desde niño me gustaba cantar canciones de otros artistas, aunque muchas estaban en otro idioma, pero eso no me importaba en ese momento, yo solo quería escuchar la melodía de la canción y en español había bastantes y bonitas. Cuando empezaba a entrar en la adolescencia comencé a crear mi propia letra en mi mente, y hasta ahora a mis cuatro décadas, empecé a documentar todas mis creaciones, positivas y bonitas, como un legado. En Latinoamérica, como en otras regiones, la música es parte de nuestra esencia, ¡y ni se diga aquí en Panamá!, nosotros solo con escuchar que suene una lata, un cubo o una paila, empezamos a mover el cuerpo automáticamente como un reflejo del sonido.

Les cuento que una vez en un hogar panameño se escuchó un ruido armonioso y todos los que estaban allí empezaron a mover el cuerpo y se dirigieron a reunirse en la sala cuando, de pronto, se escuchó la voz de la mamá de los chiquillos y las chiquillas decir desde la cocina: «Descuiden, es falsa alarma, solo se me cayó la paila al suelo»; y luego, espontáneamente, todos empezaron a reír y a comentar con una sonrisa que llenaba de alegría sus rostros, «¿y por qué también no se cayó el cucharón, el sartén y otras cosas…?, así hubiéramos tirado un par de pasos,» (en Panamá quiere decir bailar). Bueno, al final de la historia todo volvió a la normalidad.

«Alabaré yo el nombre de Dios con cántico,
Lo exaltaré con alabanza».

Salmos 69:30